Casa Cavia


Construida en 1927 por el arquitecto y artista noruego Alejandro Christophersen como una vivienda familiar. Casa Cavia es patrimonio arquitectónico y fue reformada por la arquitecta inglesa Stephania Kallos en 2013. La reforma tuvo como objetivo abrir la casa al público transformándola en un espacio cultural que combina su arquitectura con la comida, el diseño, los libros y el arte.

Un sitio en el que los placeres nobles dialogan entre sí para invitar a las más singulares experiencias. Libros, arte, flores, y una cocina en la que tanto la pastelería, como la comida se disfrutan al igual que si fueran obras de arte. Productos frescos y de estación, algunos llegan desde nuestra huerta agroecológica, traduciéndose en platos simples pero exquisitos.


Lupe García, directora creativa del espacio, convocó nuevos talentos de las artes y oficios de la Argentina, y los convirtió en anfitriones de la casa: el restaurante está dirigido por Julieta Caruso, ex sous-chef en Mugaritz, cerca de San Sebastián. Daniel Calderón es el barista, obsesionado por encontrar el mejor café de la casa, con su mezcla arábica única y su acidez. Camila Gassiebayle hace florecer los pasillos, e invade de pétalos, perfumes y flores con su proyecto Blumm Flower Co. Flavia Arroyo custodia el bar, donde encontraremos una extensa carta de cócteles inspirada en la naturaleza y nuestra huerta. Mariana Torta nos contagia su entusiasmo por los vinos. Sabrina Altamirano, encargada de La Pastelería, clásico y de calidad, donde reversión los clásicos con nuevas técnicas. La biblioteca abajo, un
espacio pensado para el lector donde los libros se encuentran con el arte en una instalación por Celedonio. En el primer piso se encuentra La editorial, donde Ana Mosqueda, encabeza Ampersand creando libros valiosos tanto por su contenido como por su forma.


ANFITRIONES, dueños de casa, esperándote para que te sientas bienvenido. Quieren que te vayas con ganas de volver. Un territorio de emoción, percepción y sabores, de los que podes adueñarte, porque las cosas simples hablan con más contundencia que las rebuscadas y las cosas nobles suelen hablar para siempre.